La cara mala de las Vikarbyrås

Vivir en Noruega cambiando de destino cada pocos meses, tiene sus pros y sus contras. Te contamos cómo está siendo nuestra experiencia viviendo y trabajando con Vikarbyrås.

Vivir viajando por uno de los países más desarrollados del mundo a todo pagaso, suena perfecto ¿eh?

Pues no. 

También hay momentos malos en los que he sufrido y lo he pasado mal. Y hoy quiero narrarlo. 

Pues bien, hace unas semanas hemos cambiado de destino por primera vez. 

Dejamos de vivir nuestra primera experiencia en Høyanger (Vestlandet), donde estuvimos 4 meses; y nos mudamos a Leirfjord (Nordland), donde hemos empezado a vivir nuestra segunda experiencia, que durará los próximos 5 meses y medio.

Este cambio, me ha hecho recordar una frase que me encanta: 

«En realidad, no necesito a alguien que vea lo bueno en mí, necesito a alguien que vea lo malo y aún así decida quererme».

Me vino esta frase a la mente porque, revisando todas las entradas que hemos publicado hasta ahora, me he percatado de que no hemos hablado sobre las dificultades y momentos malos o menos buenos que hemos pasado. 

Y como bien dice la frase anterior, quiero contarte lo bueno y lo malo de la experiencia, de esta forma yo me quedaré tranquila sabiendo que si me lees es porque te cuento las cosas como son, no solo te digo lo bonito y lo que quieres escuchar. 

De igual manera, si sabes en qué situaciones yo lo he pasado mal y he sufrido, sabrás si de verdad querrás formar parte de esta aventura.

Para que me resulte más fácil los dividiré en los siguientes apartados:

El idioma

Respecto al idioma he tenido 4 situaciones que realmente lo he pasado muy mal.

La primera:  

No recuerdo cuánto llevaba trabajando, pero recuerdo que no mucho. Me dispuse a asear a un paciente, y pasados unos 15 minutos, el paciente se fijó en mí y al no reconocerme quiso huir del baño. La situación fue muy difícil de sobrellevar para mí. El paciente gritaba y pedía ayuda, yo le intentaba decir que mi intención era ayudarlo mientras evitaba que saliera al pasillo bloqueando la puerta,  «lo retenía dentro»,  él no me entendía y a la vez yo no lo entendía a él.

Me sentí impotente, mucho. Ese paciente pensaría que yo me estaba aprovechando de él en el aseo. ¿Puedes imaginarte lo que sintió ese paciente? Yo no era capaz de entender lo que le decía. Fue una sensación muy desagradable para ambos, y para mí, muy decepcionante, no era capaz de decirle a un paciente que lo estaba ayudando, ni tampoco evitar que no me tuviera miedo y todo por no conocer las palabras en noruego.

La segunda: 

Eran las 22hs y mi tercera semana de trabajo, fui a darle la medicación a una paciente que ya estaba acostada y dormida. Como es normal, la desperté y le ofrecí la medicación con un vaso de agua. La paciente se negó a tomar la medicación porque no me reconocía y pensaba que la quería envenenar. Me hizo varias preguntas para confirmar que realmente era enfermera, pero no la entendía. Con las palabras que sabía, intenté hacerle entrar en razón, explicándole que era una nueva enfermera, que hablaba poco el idioma y lo entendía menos.  La paciente se agitó pensando que yo le estaba mintiendo. 

De nuevo vino la impotencia mencionada en el caso anterior. Me sentí impotente, no era capaz ni de dar una pastilla.

La tercera: 

Ya llevaba alrededor de 2 meses trabajando, los pacientes me conocían y empezaba a controlar lo que hacía. Yo trabajaba de tarde y tras acabar todas mis tareas, me gusta hacer una ronda, habitación por habitación para comprobar que todos los pacientes están en sus debidas habitaciones y acostados. Fue entonces cuando me encontré una de las pacientes llorando desconsoladamente en su cama. Cuando me vio, me cogió la mano y empezó a desahogarse. Yo no entendía nada de lo que me decía, hablaba rápido y entrecortado como todos hacemos mientras lloramos, como esperaba una respuesta a sus explicaciones, y yo no las tenía, acabó por decirme enfadada: ¡Aprende el idioma o vete a tu país! 

Otra vez estaba ahí la impotencia del idioma. Que una persona confíe y decida desahogarse contigo y tenga la sensación que habla con la pared… no es agradable. 

La cuarta: 

La cuarta y última que recuerdo, fue parecida a la anterior, solo que al revés. La que lloraba era la hija de uno de los pacientes. A la hija le dolía ver a su padre en el estado en el que estaba. Ella sabía que le quedaría poco tiempo. Entré en la habitación para ver si necesitaba algo, y entonces me la encontré llorando. Se puso a hablar y a desahogarse, como es normal. 

Como podrás suponer, tampoco entendí mucho. Pero entonces aquí supe lo que tenía que hacer, ya que había aprendido de las anteriores veces. Simplemente le dije que se sentara en una silla de la propia habitación y le dí mi mano. Le expliqué que el paciente no sufría y que la escuchaba, podía hablarle y decirle lo que quisiera que la escucharía. Podía estar tranquila, nosotros lo cuidábamos. Lo siguiente que me dijo, lo entendí (Tusen takk – Muchas gracias), y me dio un abrazo.

Cambios continuos

Otra cosa que quiero dejar impregnado en este blog, son los cambios continuos de absolutamente todo. 

Te explico.

Como ya he comentado varias veces, cambiamos de asignación cada X meses. Pues bien, esto algunas veces supone pasar unas semanas muy estresantes. ¿Por qué?

Por lo siguiente: 

Cuando empiezas a sentirte cómodo con el sitio de trabajo, ya quedan pocas semanas para cambiar de nuevo al próximo destino, y eso supone volver a empezar. Conocer otros pacientes, otros compañeros, otros dialectos, otros historiales, otro sitio de trabajo, otras formas de trabajar, otros protocolos, incluso otro material, etc…

Y no solo eso. 

Para mí, que puede ser que para tí no sea importante (yo lo creía así), tener un sitio estable y tranquilo (tu casa) donde poder ir cuando acabas las duras jornadas, (digo duras porque los primeros turnos tienes un dolor de cabeza impresionante y sales con la sensación de no entender nada) es muy importante. 

Tener «mi sitio». Ese hueco de la casa donde puedo cobijarme junto a un té calentito y relajarme, ese sitio que visualizo cuando estoy en el trabajo y al que ansío al llegar al acabar.

Ese sitio, puede tardar en llegar. Vivir viajando supone que, a veces, (me enteré cuando nos pasó), empiezas a trabajar en la siguiente asignación sin tener casa estable. 

No creas que nos dejaron vivir debajo de un puente, no. 

Pero sí que nos han hecho cambiar de alojamiento cada semana: pasar de un Airbnb a otro Airbnb. Esto supone vivir esas semanas rodeado de cajas, porque claro, para una semana no vas a deshacer tu maleta… y no tener ese «espacio personal» que yo tanto necesito. 

También, aunque parece una tontería, el no tener una casa estable, nos ha supuesto «comer mal», ya que hacíamos pequeñas compras con el objetivo de no tener de trasladar muchas cosas en la mudanza, y comer mal, conlleva a gastar más. 

Y ya que estamos puestos a decir todos los cambios que nos vamos encontrando, no pueden faltar los supermercados.   

Los supermercados en Noruega son muy «primitivos» para la gente que le gusta cocinar, acostumbrados a la variedad de comida que tenemos en España, hacer la compra aquí es todo un reto. 

Hacer la compra es algo muy limitado, que, con el tiempo aprendes a adaptarte y cocinas con lo que hay.  (pequeño spoiler, después de 5 meses viviendo en este país, ¡¡¡todavía no he encontrado hojaldre!!!)

Ta det med ro (tómatelo con calma)

Por último, que no es poco. Os voy a comentar que aquí, todo es muy relajado. Tanto que a veces me crispa de los nervios. 

Es muy normal que la información que nosotros la consideramos importante, como por ejemplo cuándo y dónde recoger el coche para iniciar la mudanza, te la den el mismo día que te vas.  O incluso, que te cambien la información mil veces durante el mismo día. 

Te pongo un ejemplo: Nosotros, tuvimos que entregar las llaves de la casa de Høyanger el día 31 de agosto a las 12hs y nos dijeron el mismo día 31 que la furgoneta para hacer la mudanza lo podíamos recoger a partir de las 14hs. Como comprenderás, fueron unos días muy estresantes. 

A parte de ello, y pese a que todos tienen su ritmo… la información te llega a cuentagotas y a último momento pese a que lo preguntes. 

Puede ser que hagas 5 veces la mismo pregunta y todavía no te la contesten, no es algo personal, tranquil@ es algo normal aquí en Noruega.  

Pero como la vida hay que tomársela con tranquilidad, todo se aprende y con estas situaciones aprendes a ser muuuyyy pero que muyyy paciente.

Ya me callo

Explicandote todas estas cosas, no pretendo asustarte. Simplemente decirte que vivir viajando también tiene sus inconvenientes.  

Contarte mis momentos difíciles,  tiene como objetivo avisarte o incluso prepararte para que veas que no todo es fácil. 

Cuando estamos allí en España, pensamos que lo más complicado será el idioma, y no pensamos en muchas otros pequeños detalles que empezamos a valorarlos cuando ya estamos aquí.

Al principio, respecto al idioma, tuve que fiarme de mi instinto, ya que no entendía ni el 50% de lo que me decían y tampoco tenía a nadie de habla hispana que pudiera confirmarme que lo que había entendido era correcto. Eso fue algo muy difícil para mí, ya que soy una persona que no confía en sí misma… pero después de 6 meses aprendí a hacerlo.

Quiero decirte que todo tiene su parte positiva, y que incluso en mis días malos, he tenido compañeros noruegos que me han venido a consolar incluso sabiendo que no entendía «nada», pero que a la vez mantenía una conversación en el propio idioma que decía no entender. 

También decirte, que pese a ser unos desconocidos, hay mucha gente que forma parte de esta aventura y que se convierten en un gran apoyo.

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2 comentarios

  1. Hija ya es hora de comenzar a reconocer que todas las decisiones tiene su parte buena y SU PARTE MALA , al menos ya sabes que no todo sera del color de rosa solo queda superarlo de la mejor manera que puedas y saber pasar página para seguir adelante, (cosa que de momento y con la ayuda de José lo vas consiguiendo) solo te deseo lo mejor y que sigas con tu proyecto con mucha fuerza y esperanza. Con nuestro apoyo y aliento desde casa te mandamos un abrazo muy fuerte y un besote.

    1. Muchísimas gracias por apoyarme y confiar en mí. Toda experiencia te ayuda a crecer. Y tener esta experiencia me está ayudando a madurar y a valorar muchísimas pequeñas cosas que antes no lo hacía. Desde Noruega os mando mil abrazos.

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